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| Cortesía | En la sala de nutrición,
a los niños se les explican las diferentes clases de
alimentos y la mejor manera de comer balanceado. Ellos juegan
y aprenden sobre los beneficios de las frutas y las legumbres. |
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| Colprensa | Ximena Rojas Iragorri, su directora. |
Infantil | Institución ejemplar
Aprender es divertido en el Museo
El museo de los Niños, en Bogotá, cumplió 20
años de tarea educativa
Por
Isolda
María Vélez H.
Bogotá
Por un callejón, lleno de espejos, caminan los pequeños
mientras sus figuras se ensanchan, se alargan, cambian de forma...
Al otro lado, los espera una sala de sonidos y vibraciones, en la
que ellos emocionados juegan en una especie de "marimba"
gigante.
No han salido del asombro, cuando ya un automóvil los mira
y les explica cómo funciona su motor, mientras que en el cuarto
adyacente se meten dentro de una mina y conocen de cerca una réplica
del Cerrejón y el proceso de explotación carbonífera.
Esas son las primeras exhibiciones que encuentran los niños
en el museo diseñado para su disfrute, y que gracias a una
tarea incansable cada año es visitado por más de 150.000
personas, en Bogotá.
Una de las artífices de este sueño, que cumplió
20 años y obtiene el reconocimiento en la categoría
infantil de EL COLOMBIANO Ejemplar, es su directora Ximena Rojas Iragorri,
una mujer con las pilas bien puestas, que ha dedicado gran parte de
su vida a la educación.
El Museo de los Niños nació con el apoyo del entonces
presidente Belisario Betancur, y de un grupo de empresarios colombianos
que vieron en esta iniciativa un modo divertido de enseñar
y de recrear.
En este espacio, de unos 8.000 metros cuadrados, se consolidó
desde entonces una propuesta para que los niños, jóvenes
y, por supuesto, los adultos, se acerquen a la ciencia e interactúen
con ella, a través de 25 módulos que cubren diversas
áreas del conocimiento.
Y, además, se rodeen de arte, gracias a las tres esculturas
y 76 murales, que engalanan las instalaciones, y que han sido donadas
por 73 artistas nacionales.
"Es un espacio privilegiado para conocer de cerca cómo
funcionan ciertas cosas. Aquí no se sabe quién goza
más, si los niños o los adultos", dice la directora,
que ha visto pasar por el lugar, desde 1987, cerca de 4 millones de
personas.
El modelo pedagógico se sustenta en la relación del
guía-amigo con los visitantes. Son ellos lo que inducen a los
niños a que exploren y descubran las maravillas que encierra
la naturaleza, el medio ambiente, la física, la química,
la higiene dental, el cosmos, la vida urbana, la nutrición,
la biología, entre otras fuentes del conocimiento.
La tecnología también está inmersa en este espacio.
"Tenemos el Club House, donde los usuarios pueden desarrollar
proyectos, utilizando las más modernas herramientas tecnológicas,
en una experiencia que combina diversión y aprendizaje",
afirma la señora Rojas.
Es una sala de cómputo, en la cual muchachos entre 10 y 18
años diseñan proyectos en fotografía digital,
animación 2D y 3D, diseño gráfico, grabación
y edición de audio, video, páginas web y muchas cosas
más.
Pero además, el Museo cuenta con un estudio de música
y otro de televisión para que los pequeños hagan sus
programas.
Y la respuesta, hasta ahora, ha sido positiva en el propósito
de aprender jugando, tal como lo dicen los mensajes que llegan al
Museo después de las visitas.
"Doy gracias al Museo de los Niños por habernos enseñado
tantas cosas muy agradables y valiosas, que son muy importantes para
nuestra Madre Tierra. Desearía que todos los niños fueran
allá para que vieran lo hermoso que es", dice la pequeña
Angela Marcela Rodríguez, en una nota adornada con florecitas
y corazones. |
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