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| Jaime Pérez | A pesar de su corta edad
David Arenas entró muy temprano en la élite del
ajedrez. En 2001 logró su primer título departamental
con 9 años de edad. Su más reciente: campeón
nacional sub-16 el año pasado. |
Infantil | Persona ejemplar
David, el elegido deportista y persona a carta
cabal
Quienes comparten a diario con él reconocen sus cualidades
humanas
El ajedrez
le ha servido para cultivar valores y moldear un carácter afable
Por
Oswaldo
Bustamante Escobar
Medelllín
Las cuentas que Clara Irene Vanegas hacía en 1991 daban para
que su primer hijo naciera ese 28 de diciembre. Pero él, como
antes se lo había advertido su padre, nació el 24.
"Y lo pusimos David porque, dijimos, ese nombre significa el
elegido". Clara y Víctor Hugo Arenas, entonces, decidieron
quedarse con un solo hijo: ese, el elegido, David.
Hoy tiene 16 años; está creciendo, aunque no demasiado.
Tampoco ha sacado músculos. Sigue siendo el mismo muchacho
delgado, de tez trigueña, estatura mediana. Extrovertido, amiguero,
juicioso; el que se le hace agua la boca con un plato de pastas; el
que no le para bolas a la moda; el estudiante de excelentes calificaciones
y disciplinado que ha sido desde cuando ingresó a Transición
en el colegio Francisco Restrepo Molina de Envigado, donde este año
sacará sus grados.
David es ajedrecista, pero no solo eso: es el más joven Maestro
Internacional que ha dado el país, logro que consiguió
rayando los 14 años. Y un dechado de virtudes no solo como
deportista sino como persona. Así, por lo menos, lo ven quienes
lo tratan a diario.
"El galardón que le concede EL COLOMBIANO no pudo caer
en mejores manos. Él se lo merece porque los demás quieren
reflejarse en él", advierte orgullosa Olga Eugenia Ramírez,
coordinadora de Deportes en dicha institución educativa. "Lo
conozco desde niñito y jamás he tenido una queja de
él. Es el alumno que cualquier profesor quisiera tener: excelente,
ejemplar; en lo académico, responsable, respetuoso, disciplinado,
participativo y disponible para todas las actividades. Nunca se ha
escudado en su deporte para faltar con las tareas y eso que es un
deportista de talla internacional que tiene que estar viajando".
Desde muy pequeño, David ha marcado diferencias. Dejó
muy rápido juguetes, como carritos y pelotas, y se dedicó
de lleno al juego del ajedrez. Y no ha habido poder sobrehumano que
le haga cambiar de idea. "En vacaciones, por ejemplo, le insistimos
que mire otras cosas", señala Clara, pero él siempre
responde lo mismo: "pero mamá cómo lo voy a dejar
si eso es lo que me gusta".
Tanto es su fervor por el juego de los reyes, los alfiles, los caballos,
las torres y los peones que aprovecha las primeras comuniones a las
que lo invitan para "volarse" al Parque del Ajedrez a tirarse
unas partiditas.
"Para la edad que tiene es demasiado responsable, centrado, casi
nunca se le ve bravo y cuando uno lo regaña es muy receptivo,
sabe dialogar, no se descontrola", confirma Mauricio Ríos,
su más reciente entrenador. "Es más, me atrevo
a decir que ni siquiera las niñas lo desconcentran cuando está
metido de lleno en el cuento del ajedrez", agrega.
Jocoso, tomador del pelo, más no fastidioso, David Arenas no
tiene ninguna aprehensión con nadie: así como entabla
diálogo con compañeros de su edad, también lo
hace con mayores. Es sencillo; amigo de las buenas compañías,
una lección que tomó de sus abuelos y padres, y que,
según él, le ha servido para enfrentarse a la vida.
La Internet es su compañía sagrada: chatea y a veces
se divierte con juegos de fútbol, pero considera este medio
su más valiosa herramienta de trabajo porque, por lo general,
se la pasa buen tiempo del día estudiando y analizando las
partidas que baja de las diferentes webs.
"Nos asombramos de todo lo que ha progresado gracias al ajedrez",
narra Víctor Hugo, un administrador de empresas que tuvo que
aguantarse el garrotazo de que su hijo no se dedicara al fútbol
como quería.
La tranquilidad, el don de gentes, el buen genio, la sagacidad, la
humildad, de la que su mamá, una tecnóloga en Administración
Turística, señala, heredó de sus abuelos, son
valores que ha fortalecido.
"Nadie alcanza a saber las dimensiones de estos galardones. Para
él es el mayor impulso para seguir adelante en su carrera y
servir de ejemplo para muchos niños que hoy lo miran como esas
personas que pueden ser en un futuro", dice Clara, la más
feliz de tener un elegido. |
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